¿Qué claves les daría a los padres para que podamos gestionar bien las emociones de nuestros hijos?
No hay una respuesta única a esta pregunta, ya que cada familia tendrá su propia forma única de manejar las emociones. Sin embargo, probablemente hayas visto consejos como los siguientes para gestionar las emociones:
- Establece reglas y límites con sus hijos. Esto les ayudará a entender lo que es aceptable y lo que no lo es. Esto también les ayudará a aprender a manejar sus propias emociones.
- Habla abierta y honestamente con tus hijos sobre sus sentimientos. Esto les ayudará a entenderse y aceptarse a sí mismos.
- Pasa tiempo con tus hijos. Esto les ayudará a desarrollar una relación cercana contigo. Pasar tiempo con tus hijos también les ayudará a aprender a manejar sus emociones.
- Dale a tus hijos oportunidades para expresar sus sentimientos. Esto les ayudará a aprender a manejar sus emociones.
Sin embargo, a pesar de lo útiles que son estos consejos, hay una manera diferente de abordar este problema, y es siguiendo los siguientes ocho pasos (en lugar de cuatro).
1. Aprende a saber cuál es tu emoción. Dale un nombre.
Cuando sientes algo, puede ser difícil entender por qué está sucediendo y qué hacer al respecto. Para lidiar con tus sentimientos de manera efectiva, necesitas tener una comprensión general de lo que son y por qué los estás experimentando. Una vez que sepas esto, puedes comenzar a examinar los detalles específicos que impulsan tus sentimientos y proponer estrategias para lidiar con ellos. Por ejemplo, digamos que te sientes estresado.
Cuando te sientes estresado, tu ritmo cardíaco se acelera y tu mente se acelera. Tu cerebro está tratando de darle sentido a todo, por lo que puedes idear rápidamente un plan de acción. Conocer la forma en que expresas tus emociones básicas, como en el ejemplo anterior, es una excelente manera de avanzar.
Una forma común en que tu cerebro lidia con el estrés es creando una respuesta de miedo. Cuando te sientes amenazado, tu cuerpo libera cortisol, adrenalina y otras hormonas que hacen que te prepares para una posible pelea, huida o incluso podrías desmayarte.
Esta respuesta suele ser necesaria cuando te encuentras con algo nuevo, peligroso o inesperado. Sin embargo, cuando tu cerebro produce estas hormonas todo el tiempo, puede tener consecuencias negativas.
Una respuesta de miedo puede hacer que te sientas tenso y ansioso. También puede dificultar la concentración y la toma de decisiones. En casos extremos, puede provocar ataques de pánico o trastornos de estrés.
Es importante aprender a manejar los factores estresantes para que no reacciones de forma exagerada y termines sufriendo a largo plazo.
Cuando te sientes estresado, tu cerebro puede decirte que tengas miedo de las cosas que te estresan. Podría indicarte que tengas miedo de las personas que te estresan o de lo que te estresa. Tu cerebro podría decirte que tengas miedo de las consecuencias de tu estrés o del estrés mismo.
Por eso es importante aprender a saber qué emoción estás teniendo.
La gente dice “me siento mal” en lugar de decir “me siento enojado”. La ira es la respuesta natural a sentirse mal. Te sientes más motivado a expresar el enojo en lugar de sólo sentirte mal, porque demuestras que tienes el control de tus sentimientos. Cuando sientes ira, es más probable que sea productivo y creativo.
Para las emociones básicas, probablemente sea más fácil que puedas identificar entre felicidad y optimismo. Cada experiencia individual es diferente y puede fluctuar de un estado a otro. La felicidad, por ejemplo, se puede experimentar en momentos de alegría y satisfacción, así como durante períodos de elevado bienestar. El optimismo, por otro lado, se asocia con un sentimiento general de confianza y convicción en el futuro cercano.
La tristeza, en cambio, a menudo se puede caracterizar por sentimientos de vacío, pena y arrepentimiento. Probablemente puedas identificar que cuando sientes tensión en tu cuerpo o, como comúnmente se dice, te sientes “muy tenso”, sientes un ritmo cardíaco más rápido, estás más irritable, tienes más energía y a veces incluso con la necesidad de golpear algo o alguien (por favor evitarlo), el nombre de la emoción que estás sintiendo se llama enojo. Y es que el enojo es una emoción más fuerte que simplemente “sentirse mal”.
2. Sé consciente de tus emociones.
Cuando estamos en las garras de la emoción, la parte racional de nuestro cerebro se apaga. Nos perdemos en la emoción y no podemos pensar con claridad.
Imagínate en una situación en la que te sientas enojado, frustrado o triste.
Si te sientes enojado, es posible que quieras arremeter contra alguien. Si te sientes frustrado, tal vez quieras arremeter contra tu computadora o tu trabajo. Y si te sientes triste, tal vez quieras llorar o meditar.
Pero, ¿qué pasa si te sientes triste, frustrado o enojado y tienes que tomar una decisión?
En casos como este, la parte racional de nuestro cerebro generalmente se activa y usamos los procesos cognitivos naturales de nuestro cerebro para tomar una decisión.
La parte racional de nuestro cerebro suele ser muy buena para tomar decisiones. Por lo general, es bastante buena para descubrir qué es lo mejor que se puede hacer en una situación determinada.
La clave para reconocer las emociones es ser consciente de ellas. Cuando somos conscientes de nuestras emociones, podemos empezar a centrarnos en ellas.
Esto nos ayudará a comprender mejor por qué nos sentimos de la manera que lo hacemos y cómo empezar a cambiarlos.
Cuando somos conscientes de nuestras emociones, podemos empezar a entender por qué nos sentimos de la manera que lo hacemos. Podemos comenzar a cambiarlas e incluso prosperar en entornos que normalmente serían difíciles. Podemos concentrarnos en nuestra razón y dirigir nuestro barco en la dirección correcta. Cuando eres consciente de tus emociones, puedes:
- Reconocer el momento exacto en el que te sientes molesto o enojado.
- Fijarte también cuando te sientes feliz, alegre o tranquilo.
- Entender por qué te sientes de una manera particular en ese momento.
- Hablar contigo mismo sobre tus emociones y acéptarlas.
- Dejar que tus emociones se vayan después de sentirlas.
Cuando eres consciente de tus emociones, puedes manejar mejor la forma en la que se expresan.
Puedes ponerles una tapa y evitar que se salgan de control.
También puedes utilizar esta conciencia a su favor. Cuando sabes lo que está pasando dentro de ti, puedes tomar medidas basadas en esa información. Puedes crear la vida que desea, en función de tu propio conjunto de valores y objetivos.
Cuando eres consciente de tus emociones, tienes el control.
Cuando eres consciente de tus emociones, puedes elegir cómo responder. Cuando eres consciente de tus emociones, puedes elegir cómo actuar. Cuando eres consciente de tus emociones, puedes elegir cómo sentirte.
Hay muchos caminos hacia el éxito y la felicidad. Puedes elegir los que lo lleven por el camino que deseas recorrer, o puedes probar cosas nuevas y explorar nuevas oportunidades.
No hay elecciones equivocadas; se trata de lo que te hará feliz. Hagas lo que hagas, sé siempre fiel a ti mismo y a tus propias intenciones. Seguir tu corazón rara vez te llevará a la decepción. Y empieza por ser más consciente de tus emociones hoy. Es un paso en la dirección correcta.
3. Reconocer las emociones.
Si te pongo tres fotos de mascotas y te digo que señales cuál es el Perro, ¿serías capaz? -Si un perro está en una de las imágenes, por supuesto que podrías.
Y serías capaz, o porque has tenido uno, o porque lo has visto en la calle, visto fotos.
Exactamente lo mismo sucede con las emociones.
Para que puedas reconocer, “Lo que estoy experimentando es repugnancia”, necesitas saber qué es lo que sientes como repugnancia.
No se puede negar que sentir las emociones fuertes que vienen con la vida es una de las cosas más importantes que podemos hacer. Cuando somos capaces de identificar y comprender lo que nos hace sentir como nos sentimos, podemos comenzar a tomar decisiones que nos ayudarán en nuestras vidas. Reconocer que las emociones existen y lo que estás sintiendo en este momento es vital para gestionar mejor tu actuar.
4. Legitimar la emoción.
A menudo, se nos enseña a reprimir nuestras emociones y esto puede crear mucha tensión y estrés en nuestras vidas. Cuando tenemos la oportunidad de expresar nuestras emociones, ayuda a aliviar un poco la presión.
Es muy importante asegurarse de que tu hijo pueda experimentar y expresar sus emociones. Cuando se nos permite expresar nuestros sentimientos, puedes ayudar a aliviar parte del estrés y la presión que sentimos. Esto incluye a tu niño interior.
Puedes decirles que sean amables consigo mismos y que dejen que sus propias emociones se expresen como deben hacerlo. Esto significa que ellos, al igual que tú, deben estar abiertos a sus propios sentimientos y a la forma en que se sienten en un momento dado.
Diles que merecen sentirse felices, en paz y contentos.
Diles: “No te castigues por sentirte negativo o estresado. Cada una de esas emociones es una respuesta natural a los desafíos que la vida te presenta. Acepta que estás sintiendo estas cosas y no trates de detenerlas.”
Tanto tus hijos como tú tienen el poder de cambiar los sentimientos que sientes eligiendo cómo responder. Cuando dejas de juzgar y auto-castigarte, puedes comenzar a ver que tienes control sobre tu vida, incluso cuando las cosas parecen difíciles.
Sigue leyendo mientras avanzamos hacia ese objetivo.
5. Aprender y enseñar estrategias para regular las emociones.
Ahora que sabes los nombres de las emociones, sabes la emoción que estás sintiendo, reconociste esa emoción, y el padre o tu padre-interior te permite que surja esa emoción, ¿qué sigue?
Bueno, ¿qué hay que hacer con esa emoción?
Comencemos con el aburrimiento, ya que es uno de las emociones más comunes de los que hablan los niños. El aburrimiento es algo con lo que tienes que aprender a lidiar. Es algo con lo que tienes que sentirte cómodo.
¿Qué significa eso para ti específicamente?
Significa que tienes que encontrar cosas que te interesen. Tienes que encontrar cosas que te apasionen.
¿Y cuál crees que es la clave para asegurarte de estar siempre interesado en lo que estás haciendo?
La clave para asegurarse de que siempre esté interesado en lo que estás haciendo es estar aprendiendo y creciendo constantemente. Tienes que ser curioso y hacer preguntas.
Y hay que estar abierto a nuevas experiencias.
Pero eso por lo general no funciona con los niños. ¿cierto? No quieren aprender a aburrirse. Necesitan experimentar el aburrimiento.
Así que diles que se queden en una silla sin dispositivo móvil, sin televisión, sin nadie.
Es curioso que cuando haces esto, muchos niños tienden a preguntarte si pueden pensar, hacer matemáticas o jugar con los dedos. Diles que no pueden. Tienen que estar haciendo absolutamente nada durante al menos cinco minutos.
Les puedo asegurar que la mayoría de ellos no podrán “soportar este tipo de sufrimiento”, como me dijo una vez un adolescente.
Otra estrategia que les quiero enseñar hoy, para que se la puedan enseñar a los niños, es cómo regular la ira.
- Si quiere hablar contigo, ve al paso dos. Pero si está enojado contigo y no quiere hablar contigo, entonces dile que se tome un tiempo para sí mismo. Permíteles pasar tiempo a solas y hacer algo que disfruten. Luego, después de que hayan pasado un tiempo a solas, puedes hablar con ellos e ir al paso dos.
- Dile que sea consciente de su cuerpo y de cómo está reaccionando. Que te describa lo que le está pasando a su cuerpo. Que preste atención a su respiración, frecuencia cardíaca, qué músculos están tensos, todo lo que sucede dentro de su cuerpo.
- Luego, dile que trate de encontrar una solución a su problema de enojo. Hablar contigo puede ayudarlos a encontrar una respuesta y reducir la intensidad de la emoción.
- Esto va de la mano con la siguiente etapa.
6. Reflexiona.
Vivimos, por desgracia, en una sociedad en la que la reflexión, el acto de pensar y dejarte pensar en tus cosas está mal visto. La reflexión es vista como un lujo desperdiciado, algo que debe evitarse a toda costa.
En cambio, estamos constantemente bombardeados con mensajes que nos dicen qué pensar y cómo pensar.
Este ruido incesante tiene un efecto seriamente perjudicial en nuestra capacidad de pensar profunda y críticamente, de discriminar adecuadamente y de formar opiniones razonadas. No es de extrañar que tantas personas tengan un desarrollo intelectual atrofiado y que muchos de nuestros principales problemas hayan surgido como resultado.
Es sumamente importante que reflexionemos e invitemos a nuestros hijos a reflexionar. Son cosas que sé que están pasando en mi cuerpo, son emociones que me hacen sentir mal.
Pero recuerda que “malo” no nos dice nada. Probablemente lo que realmente sientes es una necesidad de huir. Piensa en qué acciones tomarías. Eso es realmente muy importante.
La sociedad nos ha dicho durante mucho tiempo que es vergonzoso admitir que nos sentimos mal o que tenemos problemas.
Pero es importante que nuestros hijos puedan hablar de sus sentimientos, que sepan que son cosas normales que nos pasan a todos. Puedes ayudarlos a comprenderse mejor a sí mismos y a conectarse con los demás.
Reflexionar significa tomarse un momento para reducir la velocidad y pensar realmente en lo que sucede dentro de nosotros. Puede ser difícil de hacer, pero es un paso realmente importante para mejorar nuestras relaciones con nosotros mismos y con otras personas.
Dile: “Quiero que puedas hacer una pausa, dejar tus pensamientos por un momento y simplemente estar contigo mismo.”
“Quiero que encuentres una manera de conectarte con tu cuerpo, de entrar en tu experiencia de sentimientos, pensamientos y emociones. Esto puede ser difícil, pero puede ser inmensamente gratificante.”
La clave es ser paciente, ser amable y estar abierto a la experiencia. Es posible que al principio no sepa o incluso tú no sepas, cómo hacer esto, pero con la práctica, aprenderán a conectarse ustedes mismos de una manera más consciente.
Cuando seas capaz de conectarte con tu cuerpo y tus emociones de esta manera, te volverás más consciente y tendrás más control sobre tu propia vida.
Podrás tomar mejores decisiones y serás más feliz y realizado. Así igual, tu hijo/hija.
7. Dar una respuesta emocional que sea lo más adaptativa posible.
Todos los mamíferos, incluidos los humanos, tienen emociones, lo que significa que inevitablemente la expresan de una forma u otra. De hecho, la mayoría de los mamíferos expresan sus emociones a través de la actividad física, como el ejercicio o emitiendo sonidos que es su forma de expresarlo.
Hay momentos en la vida en los que simplemente no quieres expresar lo que está pasando dentro de tu cabeza. Tal vez te sientas enojado, triste o frustrado y no quieras darle a nadie la satisfacción de saber cómo te sientes. Si eres como la mayoría de las personas, probablemente hayas experimentado esto en algún momento de tu vida. Eso es en realidad lo que diferencia a los humanos de los mamíferos.
Las emociones son poderosas.
Pueden motivarnos a hacer cosas que de otra manera no hubiésemos hecho. También pueden hacernos sentir cosas que normalmente no sentimos.
A veces, puede ser difícil expresar nuestras emociones. Pero, hacerlo puede ser una parte muy importante de nuestras vidas. Nos puede dar la fuerza para hacer frente a situaciones difíciles y puede hacer que otras personas nos entiendan mejor.
Pero los niños pequeños son diferentes. Un niño pequeño en una rabieta tiene que expresar su comportamiento. Tiene una emoción y se deja llevar. Los niños no tienen la capacidad de detener o inhibir lo que sienten.
No se dicen cosas a sí mismos como “No hagas esto”. No. Simplemente expresan sus sentimientos.
Poder inhibir nuestras conductas es un paso muy complicado en nuestro desarrollo como seres humanos. Aprendemos esto a medida que crecemos y luego olvidamos cómo dejar que nuestras emociones se expresen de forma natural.
Saber expresarse es un paso muy importante en nuestro desarrollo como seres humanos porque nos permite expresar nuestro enfado, pero también es importante hacerlo de forma constructiva. Al permitirnos tener una emoción y dejarnos llevar, somos capaces de lidiar con nuestra ira de una manera saludable.
Lo que debemos enseñar a los niños es cómo expresar sus emociones de forma constructiva. No ser violentos ni destructivos. Evitar hacer rabietas.
No estamos dejando que nuestro orgullo o nuestra vergüenza nos controlen. Encontramos maneras de responder a nuestras emociones de una manera saludable.
El niño necesita que se le enseñe cómo pasar de la rabieta a respuestas más adaptativas, pero no te equivoques. Para un niño de dos o tres años, acostarse en el suelo es adaptativo. Tengo que hacer esta declaración porque, a veces, los padres quieren que un niño de dos años se comporte como un adulto.
Si el niño tiene tres años o menos, no tiene más recursos. Y esto está bien.
8. Dale una narrativa.
Ahora es el momento de pegar todo. Dar una explicación de todo lo que ha sucedido.
Cuando el niño o la niña se ha caído, se ha lastimado físicamente pero también emocionalmente, porque ha tenido miedo. Él/Ella podría incluso pensar que el padre ha causado la caída y éste se siente traicionado y enojado.
Déjame contarte una de las anécdotas que he escuchado de uno de mis pacientes. Ella dijo:
Estaba en la cocina, sacando un poco de leche de la nevera, cuando escuché un estruendo. Me di la vuelta para ver a mi hija, que tenía unos cuatro o cinco años, en el suelo.
Se había caído de una silla alta (periquera) y pude ver que estaba sangrando por el labio.
Corrí hacia ella y, tan pronto como llegué, vi que estaba temblando. Estaba asustada y estaba llorando. Intenté que se sintiera mejor, pero era difícil. Estaba enojada conmigo y no quería estar cerca de mí.
Sentía que le había fallado, y estaba realmente molesta.
Cuando esto sucede, lo que debes hacer es darle a tu hijo/hija una narrativa:
“Lo que te pasó se llama ‘miedo’. Tienes miedo porque no esperabas caerte mientras estabas en la periquera y por eso estás llorando. Tienes miedo, es normal. A todos nos pasa”.
“Cuando tenemos miedo, nos sentimos tensos y lloramos, es completamente normal. Te voy a abrazar para que te sientas más segura” Prosigue con el abrazo. “Ahora reflexionemos sobre por qué te sentiste asustada. Dime, ¿qué pensaste que te iba a pasar?” Deja que te responda y luego puedes proceder a que encuentren una mejor respuesta a ese miedo que sintieron.
Como puedes ver, ni siquiera le hemos dicho lo que debe hacer para evitar caerse de la silla. Le estamos enseñando a manejar sus emociones.
Al darles una narración sobre lo que pasó, lo que sintieron y decirles que es completamente normal, aprenden a darle un nombre a la emoción, a ser conscientes de esa emoción si les vuelve a pasar, a reconocer la emoción que sintieron, saben que su emoción está validada por el guardián como algo que todos tenemos o sentimos y podemos enseñarles cómo reaccionar ante esa emoción. Reflexionar sobre lo que sintieron y encontrar una respuesta que sea la más adaptativa posible.
Luego, después de darles esta narración, puedes enseñarles cómo evitar caerse nuevamente de la periquera.
Cada oportunidad es excelente para enseñarles cómo manejar mejor sus emociones en lugar de gritarles y decirles que se cayeron porque “no estaban haciendo lo que deberían estar haciendo”. O, peor aún, expresar tu propia angustia y miedo de la caía, como enojo contra su conducta o contra ellos.
Acudir a psicoterapia puede ayudarte a gestionar mejor tus propias emociones y enseñar a tus hijos a gestionar sus propias emociones. Recuerda que los niños tienden a imitar lo que ven y escuchan en casa, en la escuela o cuando están con sus tutores.
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