La Culpa y la Vergüenza en la Psicoterapia Gestalt

Todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas, sentimientos de culpa o vergüenza, que pueden ser muy difíciles de manejar.

Antes que nada, debemos mencionar que tanto la vergüenza como la culpa son emociones secundarias, ya que surgen de fenómenos culturales, es decir, se basan en la creencia de que existe una forma correcta de actuar.

La principal diferencia entre ambas es que la culpa se refiere a algo que hemos hecho o dejado de hacer, mientras que la vergüenza está asociada con el fracaso de nuestro ser.

En cuanto a la culpa, podemos decir que existen dos tipos: la culpa saludable y la culpa tóxica o neurótica.

La culpa saludable

Nos permite asumir la responsabilidad de nuestras acciones.

Es saludable porque juzga algo que hemos hecho, no nos juzga a nosotros. Es el sentimiento que nos impulsa a corregir, reparar relaciones y actuar como adultos.

La culpa tóxica

Nos causa remordimiento, nos ancla en nuestro pasado y no nos permite disfrutar del presente.

Esta culpa surge en relación a algo que hicimos o dejamos de hacer, y ese acto contradice una idea de quiénes deberíamos ser, una idea idealizada que tenemos de nosotros mismos. Por ejemplo, si me considero una persona familiar ejemplar y de repente no asisto a la primera comunión de mi sobrina por diferentes circunstancias, puedo sentir esa culpa porque contradice mi auto-percepción. Otro ejemplo de manifestación neurótica de la culpa es cuando expresamos ira hacia otra persona o situación y la dirigimos hacia nosotros mismos. Esta culpa es tóxica porque nos dañamos a nosotros mismos, es un resentimiento no expresado hacia los demás que nos bloquea.

Cuando sentimos culpa tóxica, nos castigamos a nosotros mismos de alguna manera. Por ejemplo, si me considero una persona muy honrada porque no robo ni cometo delitos, y un día en una tienda la cajera no se da cuenta y me llevo una prenda sin pagar, mi castigo sería no utilizar esa prenda en eventos sociales. Otro ejemplo sería, como en el caso de la primera comunión mencionada anteriormente, evitar asistir a otros eventos o reuniones que me gustaría asistir.

En cuanto a la vergüenza, al igual que la culpa, tiene dos funciones: una tóxica y otra saludable.

La vergüenza saludable

Experimentamos la vergüenza saludable como una alerta ante situaciones en las que no contamos con los recursos necesarios para enfrentarlas por nosotros mismos. Por ejemplo, si asisto a una entrevista de trabajo en la que se requieren tres idiomas y solo hablo uno, puedo sentir esa vergüenza porque obviamente no tengo ese recurso lingüístico. O si tengo que hablar en público y no tengo las habilidades necesarias, puedo sentir vergüenza porque no tengo la capacidad para enfrentar esa situación.

La vergüenza tóxica

La vergüenza tóxica, en cambio, es como una sensación de no tener derecho, de no ser merecedor de pertenecer a un grupo. Cuando sentimos esta vergüenza, pensamos que hay algo intrínsecamente mal en nosotros como personas, y ante esta sensación respondemos con la evasión o el ocultamiento. Nos encontramos incapaces de lograr en la vida lo que nos hemos propuesto. Nos percibimos como personas inútiles y nos enfocamos únicamente en lo que creemos que nos falta, en nuestras deficiencias, en no ser tan inteligentes, interesantes o buenos como nuestros amigos. A diferencia de otras emociones desagradables, la vergüenza es aquella de la que más queremos escapar rápidamente.

Los castigos

Con la culpa se asocia como castigo la muerte arquetípica asociada a la culpa.

El castigo de la vergüenza es el destierro, el abandono.

El enfoque Gestalt en el trabajo con Culpa y Vergüenza

En este caso, nuestro enfoque será sanar tanto la vergüenza como la culpa. Esto va más allá de un proceso racional. En terapia Gestalt, abordamos no sólo el síntoma, sino que buscamos el conflicto y adoptamos un enfoque integral de la persona.

Por lo tanto, en el caso de la vergüenza, el proceso requerirá reconfigurar nuestra emocionalidad e implicará crecimiento, ya que implicará pérdidas y la evaluación de lo que deseamos conservar y lo que queremos dejar atrás en nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. Como mencionamos anteriormente, tanto la vergüenza como la culpa no son emociones innatas, son fenómenos culturales basados en relaciones y situaciones dolorosas, principalmente ocurridas en el pasado.

En el caso de la vergüenza tóxica, en terapia trabajamos con las situaciones del pasado en las que la persona experimentó esta emoción secundaria por primera vez. Se revisa cuáles eran los valores y las recompensas de actuar de una u otra manera, y cómo esto corresponde con los valores actualizados de la persona en el presente. A partir de esas situaciones, se reconfiguran y experimentan cuáles son los valores actuales de la persona, aquellos mensajes de aprobación y amor que recibió de sus referentes adultos.

Partimos de la premisa de que la energía que la persona dirige hacia sí misma es en realidad la que desea dirigir al entorno. Con base en esta premisa, se facilita la expresión emocional de la persona para que identifique exactamente hacia dónde desea dirigir esa energía y se cuestionan las creencias sociales y personales que van en contra de esa expresión espontánea de los sentimientos y que también contradicen su auto-concepto. Se sacan a la luz los beneficios disfuncionales de esa culpa, porque, por ejemplo, cuando sentimos culpa, podemos solicitar compasión de los demás, buscar aceptación y pagar la penitencia con la que nos identificamos, y en general, es una forma de evitar la ira.

El trabajo terapéutico se enfoca en aumentar la conciencia y, a veces, durante el proceso, la persona comprende que ha lastimado a otras personas, y en consulta, la persona puede permitirse estar en un espacio seguro para que exprese sus emociones de vergüenza y sentimientos que implican culpa, lo cual puede resultar liberador para el paciente. La sesión, por lo tanto, será un lugar de concesión, así como un espacio para la reparación y el perdón.

Referencias bibliográficas:

– Brown, B. (2012). Daring Greatly:

How the Courage to Be Vulnerable Transforms the Way We Live, Love, Parent, and Lead. Avery.

– Neff, K. D. (2011). Self-Compassion: Stop Beating Yourself Up and Leave Insecurity Behind. William Morrow.

– Bradshaw, J. (2005). Healing the Shame That Binds You. Health Communications.

– Morrison, A. P., & Gilbert, P. (2001). Compassion: Conceptualisations, research, and use in psychotherapy. Routledge.

– López, S. J., & Snyder, C. R. (Eds.). (2009). Oxford Handbook of Positive Psychology. Oxford University Press.

– Kaufman, G. (2013). Shame: The Power of Caring. Schenkman Books.

Etiquetas: culpa culpa neurótica culpa tóxica gestalt psicoterapia vergüenza vergüenza neurótica vergüenza tóxica

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