El Trabajo de Situaciones Traumáticas

situacion de trauma

La vida, en su complejidad, a menudo nos presenta situaciones que nos desafían profundamente, dejándonos una sensación de dolor, miedo, vergüenza y vulnerabilidad. ¿Cómo respondemos cuando nos encontramos en el epicentro de una situación traumática? La imagen que creé hoy, nos ofrece un marco claro para entender esta dinámica crucial, centrándose en el papel fundamental de nuestro “Yo” y las formas en que buscamos protegernos.

El “Yo”: Ancla de Calma y Resiliencia

En el corazón de la experiencia humana, incluso frente a la adversidad, reside un “Yo”, como dice mi padre Héctor Salama en su teoría del Ciclo Gestalt de Salama, con una capacidad intrínseca para la calma, la curiosidad, la creatividad, la conexión, la compasión, la confianza, el coraje y la claridad. Esta es la base de nuestra resiliencia. Como lo expresa Stephen Porges en su Teoría Polivagal, nuestra fisiología está diseñada para buscar la seguridad y la conexión, y en un estado de calma, podemos acceder a recursos internos que nos permiten afrontar los desafíos de manera más efectiva [1]. Este “Yo” es nuestro centro, el lugar desde donde podemos observar el trauma sin ser completamente arrastrados por él.

El Trauma: Una Experiencia de Dolor y Vulnerabilidad

El trauma, tal como lo describo en la imagen, es la experiencia del dolor, el miedo, la vergüenza y la vulnerabilidad en un momento dado. No es un signo de debilidad, sino una respuesta natural y fisiológica a eventos que abruman nuestra capacidad de afrontamiento. Bessel van der Kolk, una autoridad en el campo del trauma, enfatiza que “el cuerpo guarda la puntuación” [2], refiriéndose a cómo las experiencias traumáticas se almacenan no solo en nuestra mente, sino también en nuestras sensaciones corporales y patrones neuronales. Nos bloqueamos, diría mi padre, dejando las cosas para después, desensibilizándonos, culpando a los demás, culpándonos a nosotros mismos, lastimándonos a nosotros mismos, evitando la situación o a las personas, fundiendo nuestros deseos por complacer a otros y quedándonos fijados con lo que sucedió. Reconocer la naturaleza del trauma es el primer paso para abordarlo con compasión.

¿Cómo Nos Protegemos? Dos Caminos Principales

Frente a la abrumadora realidad del trauma, el organismo humano desarrolla mecanismos de protección mencionados en el párrafo anterior. Estos los podemos distinguir mediante dos vías principales: “Controlando” y “Reaccionando”.

1. Controlando: La Búsqueda de Seguridad a Través del Orden

Cuando buscamos “controlar”, nuestra motivación principal es mantener a salvo a nosotros mismos y, a menudo, a los demás. Esto puede manifestarse en la planificación excesiva, la crítica (hacia uno mismo o los demás), el cuidado excesivo, la complacencia, el juzgar y la evitación. Estas estrategias, aunque a primera vista puedan parecer “buenas” o socialmente aceptadas, son en esencia mecanismos para sentirnos seguros frente a la incertidumbre. El control nos da una sensación de poder en situaciones donde nos sentimos impotentes. Sin embargo, un exceso de control puede llevarnos a la rigidez y a una desconexión de nuestras propias necesidades auténticas.

2. Reaccionando: Cuando la Sobrecarga Nos Empuja al Límite

En emergencias, o cuando la situación traumática o la situación similar a ésta nos abruma más allá de nuestra capacidad de control consciente, entramos en un modo “reactivo”. Estas respuestas, aunque a menudo difíciles de observar y comprender, son intentos desesperados del sistema nervioso por protegernos. Es cuando entra en control nuestro sistema de activación reticular. Busca paralizarnos, pelear, huír o desmayarnos. Para lograr este objetivo, este sistema también puede buscar formas de adormecernos o calmarnos con placebos que nos generen dopamina y endorfina inmediata. Estos pueden ser comida, sustancias como alcohol o las drogas. También busca distraernos con juegos virtuales o reales – ludopatía -, redes de interés o sociales. En algunos casos, inclusive nos disocia (sentirnos separados de nuestro cuerpo o de la realidad) sintiéndonos desconectados o en modo “avión” o en “automático”. Otras veces, buscamos auto-agredirnos para sentir que tenemos el control de la agresión, ya que la ejercemos hacia nosotros. O podemos tener arranques de ira, a veces sin sentido. En el peor de los casos, tener ideaciones suicidas. Estas no son elecciones conscientes en el sentido tradicional, sino más bien respuestas automáticas y primitivas que surgen cuando nos sentimos completamente desregulados y sin recursos.

La recuperación: Integración y Conexión

Entender estos mecanismos de protección no es juzgarlos, sino reconocer su función en momentos de vulnerabilidad extrema. El poder recuperarnos del trauma no radica en eliminar estas respuestas, sino en cultivar la capacidad de nuestro “Yo” para regularse, para estar presente con el dolor sin ser consumido por él, y para integrar las experiencias traumáticas en nuestra narrativa de vida.

Como sugiere Gabor Maté, “La pregunta no es por qué la adicción, sino por qué el dolor” [3]. Por eso, en AA se dice “El alcohol no es tu sustancia… ¿cuál es tu sustancia emocional?” que se refiere a la razón detrás de por qué ellos están decidiendo tomar alcohol. Esta idea resalta que muchas de nuestras estrategias de afrontamiento, incluso las que parecen destructivas, son intentos de aliviar un sufrimiento subyacente.

La clave es cultivar el acceso a nuestro “Yo” compasivo y sabio, para que podamos responder al trauma o a situaciones similares, con mayor conciencia y menos reactividad automática. Esto implica desarrollar la autoconciencia, la autorregulación emocional y buscar apoyo profesional de un psicoterapeuta calificado cuando sea necesario. Al hacerlo, podemos transformar nuestras respuestas ante estas situaciones, pasando de ser meros sobrevivientes a ser seres que prosperan, integrando sus experiencias con compasión y fortaleza.

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Referencias Bibliográficas:

  • [1] Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation. W. W. Norton & Company.
  • [2] Van der Kolk, B. A. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking. [3] Maté, G. (2018). In the Realm of Hungry Ghosts: Close Encounters with Addiction. North Atlantic Books.

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